Bulgaria, un país que respira arte e historia

por / Jueves, 30 agosto 2012 / Publicado enBlog

La Catedral de Alexander Nevski, la Iglesia de San Jorge, la Iglesia de Santa Sofía, el antiguo Circo Romano, el Monasterio de Troyan o la Iglesia de la Natividad son sólo algunos de los monumentos más emblemáticos de la Bulgaria más medieval. Hacer una ruta por las ciudades más importantes de este país europeo puede convertirse en un apetecible viaje para los amantes del turismo de ciudad. Además, por su clima continental, agosto y septiembre son los meses perfectos para viajar a este destino, ya que su temperatura raramente excede los 30 grados en verano.

Para conocer bien el país y su cultura es necesario echar un vistazo hacia atrás y no perder ni un solo detalle de su pasado… porque Bulgaria respira arte e historia.

El territorio de Bulgaria ha estado poblado desde la antigüedad por distintas civilizaciones. Antes de Cristo, fue núcleo de los tracios que dominaron la Península Balcánica y se incluyó en el Estado de Felipe de Macedonia y en el Imperio del Gran Alejandro Magno de Macedonia. A partir del primer siglo después de Cristo, empezó a vivir dominios y conquistas por parte de romanos y bizantinos, y de los otomano-turcos. La participación de Bulgaria en la Segunda Guerra Mundial desencadenó la última invasión del territorio, por parte del ejército soviético en 1944. En enero de 2007 Bulgaria se convirtió en miembro de la Unión Europea.

Hoy, cualquiera que pasee por las calles de las grandes ciudades búlgaras puede percibir en sus obras de arquitectura y bellas artes la diversidad cultural, producto de las numerosas civilizaciones que se instalaron allí.

Una ruta por el pasado

El punto de partida de nuestro itinerario será Veliko Tarnovo, una ciudad que es obligatorio visitar para conocer cómo se produjo la independencia de Bulgaria en el año 1908. Considerada como el centro cultural del norte del país, acoge numerosos atractivos turísticos como el Monumento Asenid, erigido en 1985 para conmemorar la fundación del reino búlgaro, y la Torre de Tsarevets, utilizada como puerta de acceso al barrio de Asenova y desde la que se puede observar una magnífica panorámica de la ciudad.

A unos kilómetros de Veliko Tarnovo encontraremos Arbanassi, una mezcla de historia, arquitectura y arte búlgaros que nadie puede perderse. La Casa del Comerciante Konstantsalieva refleja mejor que ningún otro lugar la vida que los comerciantes ricos de los siglos XVI y XVIII tuvieron en la época. Otro rincón inolvidable es la iglesia de la Natividad, más conocida como la “Capilla Sixtina de los Balcanes”, con magníficos frescos que cubren cada centímetro de pared.

Desde Arbanassi viajaremos en autobús hasta Tryavna, la ciudad museo, la cual recorreremos al completo, incluyendo excursiones a sus dos museos más famosos: Shkoloto (fundado en 1839) y Dáskalova Kashta. Etara, característica por sus casas blancas, acoge el Museo Etnográfico al aire libre en el que se representan distintos oficios búlgaros en auténticos talleres, con posibilidad de comprar productos artesanales de lo más variopintos.

Antes de viajar a las dos grandes ciudades de Bulgaria, es indispensable conocer el lugar en el que se fabrica la esencia de rosas, un ingrediente muy importante en numerosos perfumes. Para ello nos trasladaremos a Kazanlak, capital del Valle de las Rosas, situada entre las montañas de Bakan y De Sredna Gora. En ella visitaremos, además, el Museo de la Rosa y la réplica de la tumba Tracia, para admirar sus frescos maravillosos.

En las tierras bajas de Tracia, a orillas del río Maritza y de las siete colinas, se encuentra Plovdiv, la capital cultural de Bulgaria. Un paseo por sus bonitas calles empedradas nos permitirá contemplar auténticas ruinas romanas, pintorescas casas medievales y edificaciones tan inclinadas que casi se rozan unas con otras. “La ciudad de las siete colinas” es la segunda más grande del país, por detrás de Sofía, y cuenta con monumentos emblemáticos como el anfiteatro romano, el Museo de Etnografía y las Iglesias de Santa Marina y Santa Nedelya. Una buena idea es aprovechar el viaje a Plovdiv para visitar la Montaña de Rila y su Monasterio, que pertenece a la Lista del Patrimonio Cultural de la UNESCO desde 1961. Este santuario es el centro de la cultura cristiano ortodoxa y posee un gran número de obras de arte y pinturas del siglo XIX.

El último destino de nuestra ruta será la capital de Bulgaria, Sofía. Esta ciudad, de la que se dice que “crece, pero no envejece”, conserva hoy en día los restos de su historia, sobre todo de los períodos romano-bizantino y otomano. Muestra de ello son monumentos como la Catedral de Alexander Nevski, construida en honor a los rusos que cayeron por la liberación de Bulgaria del Imperio turco; la Iglesia redonda de San Jorge, cuya construcción iniciada por Constantino el Grande se adorna con impresionantes frescos de unos dos metros de altura; la Iglesia de Santa Sofía, la más ortodoxa de la capital búlgara y erguida bajo el reinado del Emperador Bizantino Justiniano; el antiguo Circo Romano; y la Catedral rusa de San Nicolás, recuperada para el culto cristiano.

Bulgaria es ese país de un enorme legado cultural que reclama una visita.

Fuente: El economista

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